Posicionamiento MTDI ante el foro con diputadas federales electas

El Movimiento de Trabajadores Democráticos e Independientes (MTDI) asumió, como todo el pueblo mexicano, que el 1º de Julio se inició un cambio de gestión sumamente esperado por las amplias bases populares; sin embargo, tal inicio no significa necesariamente un cambio de sistema en sí, mas sí representa una esperanza de que haya modificaciones significativas para el beneficio de las y los mexicanos en lo general, y de las y los trabajadores en lo particular.

 

A pesar de las distintas lecturas que pudieran tenerse respecto a la posibilidad real de cambio, los mecanismos para una política distinta, donde la voz de las y los trabajadores sea escuchada y éstos puedan influir en la política, no son aún claros, ni precisos; por el contrario, se ha mantenido opacos, inciertos y en algunos casos las posturas del partido ganador han sido dubitativas.

 

La política laboral que hasta ahora se ha practicado por los gobernantes, desde hace décadas, es simple y llanamente la vieja forma de vinculación entre los trabajador@s y la política, es decir, el corporativismo o como le decimos en México: el “charrismo” sindical; y obviamente no ha tenido otra consecuencia más que la violación constante y permanente de los derecho laborales e incluso los derechos humanos del pueblo trabajador.

 

Las reformas constitucionales que recientemente se han implementado han empujado principalmente a modificaciones de puntos relacionados con la compra/venta de la fuerza de trabajo en sectores estratégicos. Ante esto, el contubernio entre las autoridades laborales y los patrones para imposibilitar la organización de los trabajadores y/o las acciones emprendidas en defensa de nuestros derechos, son una clara muestra de esta política laboral lesiva que se viene practicando desde hace ya tanto tiempo y que en la última década se ha agravado de manera alarmante. Por estas graves consecuencias que hemos venido “pagando” como clase trabajadora en el retroceso de nuestros derechos laborales y humanos, es imperioso que se modifique la legislación laboral a favor de las y los trabajadores de nuestro país.

 

Sirva de ejemplo para lo mencionado anteriormente que, a pesar de que durante décadas hemos contado con diputados llamados “obreros” ( es decir, egresados de las filas de las grandes centrales de trabajadores como la CTM, la CROC, entre otras), en las cámaras e instancias donde se revisan temas laborales, se dio el avance imparable de las empresas tercerizadoras (mejor conocidas como las agencias de subcontratación  u outsourcing) y con ellas, el aumento de los contratos temporales, bajas o nulas prestaciones y condiciones de trabajo cada vez más indignas; en pocas palabras, empleos cada vez más precarios. Cabe destacar que el crecimiento de esta forma de contratación creció, del año 2004 al 2014, un 48%, pasando del 8.6% al 16.6%. Esto sin contar la figura de los prestadores de servicio, instrumento que contrata trabajadores bajo la forma de asimilados a salarios y que no cuentan con otra prestación, más que su salario en sí. Contrario al aumento mencionado, la tasa de sindicalización en México bajó drásticamente desde 1984 al año 2014, pasando del 34% de los trabajadores sindicalizados, al 13.6%, es decir, cerca de 4.5 millones de sindicalizados de los 33.3 millones de trabajadoras y trabajadores que había en 2014; por si esto fuera poco, en los últimos años la cifra ha seguido a la baja y se estima que al día, la tasa de sindicalización no alcanza ya ni el 10% del personal ocupado en el país.

 

Las reformas laboral, energética, de telecomunicaciones o educativa, no han hecho otra cosa que mellar a los distintos sindicatos de esas ramas, así como abandonar a las y los trabajadores a la voracidad de la iniciativa privada donde éstas tienen participación, bajo el supuesto discurso falaz de disminuir el gasto oneroso que representan estos trabajador@s. Traduciendo estas mentiras al lenguaje popular, su intención no es otra más que sustituir las contrataciones colectivas (sindicatos) por formas más “flexibles” de contratación, o sea, contrataciones individuales con prestaciones miserables, trayendo como resultado el abaratamiento de la mano de obra y la pérdida gradual de derechos laborales que fueron ganados con lucha y sangre.

 

Las cifras hablan por sí solas: Al año 2014, el 45.4% de los trabajadores no contaban con prestaciones de salud; 46% no contaban siquiera con contrato; 17.3% contaban con contratos temporales; 36.8% mostraban insuficiencia salarial y 36.9% carecían de otro tipo de prestaciones. ¡Y las cifras siguen creciendo año con año!

Los casos de obstrucción de la justicia laboral son y han sido también una constante. El ejemplo más emblemático de esto en el Estado de Jalisco, es el sabotaje permanente de las autoridades laborales para el registro del sindicato de los compañeros del STUHM, de la mano del hostigamiento policial permanente para intentar intimidar las acciones de los compañeros. No es casualidad que el día en el que se efectuaban las elecciones por la titularidad del contrato colectivo en la planta de Honda, de El Salto, estuviese presente la policía Estatal, corporación bajo el mando de Eduardo Almaguer, quien antes fuese responsable de la STPS en el Estado.

 

Como es posible apreciar por todo lo mencionado, la clase trabajadora no tiene ningún motivo para seguir confiando en los mecanismos gubernamentales mediante los cuales se establece, vigila y materializa, tanto la política en relación al trabajo, como la impartición de justicia respecto al mismo tema; por lo tanto, es necesario establecer nuevos mecanismos que permitan la participación de las y los trabajadores. Es tan imprescindible, como impostergable, la organización de las y  los trabajadores para las y  los trabajadores.

 

Que quede claro: Respecto a estas problemáticas nada podemos, ni queremos, pedir al Estado Neoliberal; ¿Por qué? Porque entendemos a plenitud que este estado neoliberal, al servicio de los intereses empresariales, es precisamente la razón por la cual hemos perdido la independencia de clase,  es la razón por la que las y los trabajadores estamos en la “lona”. Sin embargo, paradójicamente, el hecho de brindar las garantías para que los trabajadores tengamos interlocución con las autoridades laborales, y no sólo la patronal como hasta ahora, es obligación del Estado; máxime en el momento actual de cambio, en el que los nuevos representantes electos se conciben a sí mismos como “siervos” de la transformación de México.

 

La clase obrera y trabajadora no permitirá, ni tolerará un solo golpe más. Nosotr@s habremos de continuar trabajando en la construcción de instancias de coordinación entre las y los trabajadores sin importar el sector de que se trate. El nuevo gobierno tiene la oportunidad de garantizar con hechos, y no sólo con palabras, que habrá libertad y justicia para las y los trabajadores, obligando a la democratización de los sindicatos, así como a las mejoras y avances de nuestros derechos humanos y laborales para recobrar la dignidad como pueblo.

Nos queda claro que no podemos pedir y sentarnos, cruzados de brazos, para que los cambios ocurran por si solos. Somos los principales actores de cambio, somos el motor del país; las decisiones que puedan tomar las autoridades del nuevo gobierno serán de gran importancia para el avance de nuestros derechos y nuestra dignidad como trabajador@s, sin embargo, si no lo hicieren, seguiremos luchando por nuestras vidas y la clase obrera, más temprano que tarde, triunfará sin importar qué y cómo  habremos de arrancar, por cualquier medio existente, la libertad y la justicia para el pueblo mexicano.

 

¡VIVA LA CLASE TRABAJADORA DE JALISCO!

¡VIVA LA CLASE TRABAJADORA DE MÉXICO!

¡VIVAN LOS TRABAJADORES DEL MUNDO!

 

 

Movimiento de Trabajadores Democráticos e Independientes, MTDI

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