noviembre 26, 2020

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¿Qué tanto se está impulsando a la ciencia en la 4T?

La percepción general que existe acerca de la importancia de la ciencia y tecnología en tiempos de crisis es relativamente favorable ya que no hay duda sobre la necesidad de robustecer el sistema científico para superar con éxito la diversidad de retos nacionales pero, según la opinión de gran parte de la comunidad científica, el gobierno mexicano no ha realizado cambios sustanciales. En ese sentido es necesario explorar un par de razones que dividen la opinión pública cuando se trata de los asuntos relacionados con la ciencia.

Una primera razón de orden económico es la relacionada con el porcentaje del Producto Interno Bruto(PIB) del país que se destina anualmente a Ciencia, Tecnología e Innovación(CTI), pues de acuerdo a Ley de Ciencia y Tecnología(2002) el gobierno federal está obligado a destinar al ramo 38 CONACYT un presupuesto anual de al menos el 1% del PIB; lo cual no se cumplió en los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto ni tampoco con el actual gobierno de la 4T se ha cumplido con lo establecido en la Ley (0.38% del PIB, 2020).

Una segunda razón de orden político es la reestructuración de gasto público de 2016 que consistió en la implementación de la metodología de presupuesto base cero, recomendada por el Fondo Monetario Internacional en 2014, en los lineamiento y reglas de operación para el Diseño del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) de 2015 ya que además de ocasionar una fuerte disminución al presupuesto asignado también se fusionaron programas y reorganizaron unidades administrativas del ramo 38 CONACYT.

En efecto, dicha implementación tiró por la borda el método de presupuesto inercial que diseñaba el presupuesto con base al monto asignado el año inmediato anterior, incrementando año tras año, para darle forma jurídica al idílico mantra empresarial de “hacer más con menos”, dado que el “método base cero” supone que toda asignación de fondos debe justificarse cada año a partir de cero, sobre la base de su costo y su beneficio.

A sí mismo el nuevo paradigma dejó de lado las necesidades y objetivos sectoriales con el propósito de darle mayor peso al cumplimiento de los objetivos sexenales del gobierno en turno, establecidos en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) y/o el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PECiTi), estos criterios generales de política económica siguen siendo vigentes hasta la fecha. Sirva de ejemplo, en materia de CTI, la reorganización de los programas presupuestarios de la estructura programática que se realizó en 2017 con la intención de asignar el gasto de operación y administrativo estrictamente necesario e incrementar la eficiencia en el gasto público, lo cual implicó la reducción de 19 a 13 los programas presupuestarios (31.6%).

Derivado de lo anterior también se comprende la razón por la cual en el último lustro el CONACYT, a pesar de las protestas, lanzó menos convocatorias y apoyos a la investigación al mismo tiempo que diversas instituciones destinaran el grueso de sus ingresos al pago del gasto corriente y deudas en lugar de invertir en la generación de nuevas líneas de trabajo, la apertura de nuevas plazas, infraestructura, equipos y laboratorios, etc.

Tras analizar lo anterior no solo sobran razones para entender la causa por la cual la inflación anual ha borrado todo aumento presupuestal y sobre todo porque la actividad científica se encuentra sometida y puesta al servicio de los intereses, ajenos al pueblo y a la ciencia, que impulsa el gobierno en turno; sino también para dudar sobre la existencia de un verdadero interés por desarrollar la investigación y la técnica que permita, en beneficio del bien común, la explotación de los resultados, ya que no avanzaremos ni un solo, en lo que resta del sexenio de la cuarta transformación, mientras continúe vigente el mismo modelo presupuestal de base cero.

En fin, si bien se puede considerar positivo que se destinen recursos públicos al financiamiento de 123 proyectos de desarrollo tecnológico e innovación para combatir la pandemia de SARS-COV2 o que el CONACyT cumpla al 100% con las mejoras a programas sociales, recomendadas por el CONEVAL, no deja de ser lamentable que la comunidad científica comprometida con la sociedad de la 4T, solo signifique colaborar en el proyecto del Complejo Cultural del Bosque de Chapultepec cuando lo que realmente se necesita para impulsar la ciencia en México es cambiar el actual modelo de diseño presupuestal, pues de seguir así en unos años con más recortes la investigación pública no será lo único que se vuelva parte de la industria privada.