octubre 27, 2020

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La radio con ideas que te mueven

Entre la indigencia y el arribo a un legado cultural

Mural: La marcha de la humanidad, David Alfaro Siqueiros.

En la actualidad existe la preocupación por un amplio número de jóvenes mexicanos mediatizados que a causa de la parafernalia propagandística ignoran los grandes acontecimientos sociales que dieron forma al México contemporáneo. En ese sentido deseo contribuir con el presente a la comprensión del valor que tiene la cultura en la lucha de clases de una nación y al mismo tiempo dar cuenta de que la ideología predominante tergiversa la historia de nuestro pueblo.

Con respecto a la idea de cultura se partirá de que es un conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, pero para poder arribar al tema de nuestro interés se complementara esta noción con la contribución etimológica que proporciona el constitucionalista Alejandro del Palacio Díaz:

“Cultura es cultivo, cultivo del hombre que empieza con la agricultura, con el cultivo del campo que le permite al ser humano volverse sedentario e iniciar la civilización. Por la agricultura el hombre finca las condiciones para acumular su saber y experiencia adquiridos, transmitiendo de generación en generación el fruto de su propio cultivo, de su cultura.

La agricultura, igual que todo cultivo posterior, incluidos la ciencia y el arte, cobra sentido en tanto sustenta al hombre y sirve para su desarrollo y evolución para la actualización racional de sus capacidades, que implica el cultivo de aquello que estima valioso. Cultura es, en esencia, cultivo de valores, cuyo contenido y amplitud varían a lo largo de la historia.”[1]

Lo anterior despierta la duda acerca del fin último de toda la información que se transmite a través de distintas instituciones educativas, culturales, científicas y los modernos medios masivos de comunicación, por tanto ¿la cultura que consumimos garantiza el pleno desarrollo de todos los mexicanos o en realidad solo responde a intereses ajenos al bien común? Responder a esta pregunta no es sencillo puesto que habría que analizar a profundidad cada caso concreto que nos haga dudar del fin que persigue cada conocimiento, idea, tradición o costumbre pero considero suficiente para nuestro objetivo señalar la sistemática omisión de los hechos que dan cuenta de la independencia política de la clase trabajadora en su conjunto así como de su contribución a la materialización de los aspectos progresistas del proyecto social de 1917.

De igual modo los libros de historia, programas educativos, etc. responden a un interés en particular que en esencia solo se puede comprender a cabalidad si se concibe a la sociedad mexicana como un sistema orgánico de clases sociales diferenciadas por el lugar que ocupan en las relaciones sociales de producción capitalistas. De acuerdo con esta forma de concebir la sociedad civil la clase dominante busca conquistar la hegemonía cultural a fin de sostener su posición dirigente frente a las clases subalternas. Por consiguiente la clase dirigente toma el control de la cultura con el único propósito de hacerla corresponder a sus intereses de clase.

En el caso mexicano dicho fenómeno social es palpable a simple vista cuando se contrasta la producción cultural oficial con su contra parte no autorizada, tal diferencia da pie a dos puntos de vista de la historia nacional donde, por un lado, resalta el papel de las clases sociales acusadas de disolución social y, por el otro, el comportamiento de la clase gobernante.

Para comprender mejor pongamos por caso algunos acontecimientos sociales que se desarrollaron en zonas urbanas y rurales para evidenciar la existencia de un conflicto social permanente entre las clases desposeídas de todo derecho y las poseedoras de todo privilegio. Si bien la expropiación petrolera contó con el aval del presidente Lázaro Cárdenas quienes en realidad contribuyeron de manera decisiva fueron los obreros que desde el interior de las empresas apoyaron en la expropiación legal de armas, instalaciones, edificios, refinerías, oleoductos, embarcaciones, etc. de compañías como la Standard Oil Company; en efecto, la desigualdad social ha afectado a gran parte de los mexicanos pero han sido estos mismos sectores desfavorecidos quienes más se han empeñado por materializar los derechos sociales como la nacionalización de la industria petrolera.

Otro caso donde también se omite o menos precia la participación de las masas son las relacionadas al reparto agrario donde principalmente campesinos indígenas se enfrentaron al poder de los hacendados y caciques regionales. Sin embargo, cada merecido logro del pueblo trabajador es atribuido al gobierno en turno y los beneficios de las conquistas sociales solo han beneficiado a unos cuantos.

Ya sea en un caso u otro las hazañas de los explotados y oprimidos son omitidas por las clases dominantes al momento de hacer memoria y escribir la historia de un pueblo dividido por la propiedad privada sobre los medios de producción. Es así como la burguesía tergiversa el pasado de los pueblos para imponer su tersa visión del desarrollo histórico de un país que no puede ocultar los numerosos mártires, masacres y sobre todo hazañas.

No es casual la desatención histórica sobre los logros alcanzados por las obreras de la fabrica Medalla de Oro; la conveniente omisión de algunas canciones de protesta escritas por Judith Reyes, Gabino Palomares y Enrique Molina entre otros; la tergiversación del digno movimiento zapatista; la discontinuación de libros como el “Escuadrón de Hierro” de Elías Barrios que narra el proceso organizativo de los ferrocarrileros y se podría continuar mencionando la gran cantidad de materiales y acontecimientos que hoy en día son desconocidos por los más jóvenes. En consecuencia, la visión del pasado de la mayoría de la población se encuentra constreñida a la forma de concebir el mundo de la clase burguesa, lo cual no admite concesión alguna a la memoria de la clase obrera.

Tal forma de concebir la historia atribuye los grandes avances y logros sociales de México a un puñado de personajes como lo son Benito Juárez, Porfirio Díaz, Venustiano Carranza o Lázaro Cárdenas mientras, en beneficio de la hegemonía capitalista, omiten las tragedias del pueblo bajo su gobierno. Es por ello que ante la duda de quién fue en realidad quien luchó contra los conservadores; defendió la patria de las intervenciones extranjeras; construyó las vías férreas o quiénes fueron los que con más empeño pugnaron por establecer en la Constitución los artículos 3°, 27° y 123° se puede asegurar que en realidad fueron las masas trabajadoras del campo y la ciudad quienes asumieron con mayor compromiso social la responsabilidad de construir un mundo distinto a lo hasta entonces conocido.

Por otro lado, si aceptamos que durante un largo periodo de la humanidad la información no circuló con la misma facilidad y velocidad con la que hoy se cuenta queda claro la dificultad que ha representado hasta la fecha pretender alcanzar la democracia en la ignorancia sin antes vencer la democracia de la pobreza, así mismo se entiende porque el gran capital se propuso revisar, tergiversar y castrar las fuentes y partes integrantes de la cultura de una nación. De manera que toda esta serie de actos son parte del diseño de un complejo estratagema para confundir ideológicamente al destacamento mexicano del proletariado y así contribuir a la restauración mundial de la hegemonía capitalista que antes de la desaparición del campo socialista obligó a muchos gobiernos del mundo libre a convertirse en dictaduras cívico militares.

Esta renovada dominación ideológica pretende convertirnos en siervos de las empresas y en colaboradores oportunistas del patrón, puesto que esta visión burguesa combina la cultura de los que se enseñaron a ser tiranos y opresores en las compañías agrícolas e industriales y la cultura de la sumisión que germinó en las mentes de los hombres sencillos las ideas del explotador.

A fin de jamás renunciar a la verdad histórica considero importante reflexionar acerca de la historia que se enseña a las masas; cuestionar los intereses que persigue la cultura producida por los modernos aparatos ideológicos de dominación; fortalecer el pensamiento crítico y tomar decisiones basados en la ciencia, así mismo la juventud mexicana debe apresurar su reencuentro con el pasado para no perder en el olvido un legado cultural de más de 100 años de lucha de clases.

 



[1] del Palacio Díaz, Alejandro. Nuevas Lecciones de Teoría Constitucional. Edit. CEID. 2017. México. Pág. 167-168.